Hace 37 años, el hoy concejal de Bogotá Libardo Asprilla se rebuscaba unos cuantos pesos con la venta de palitroques, para pagar los 200 pesos que le costaba la noche en un hostal de La Concordia, en pleno centro de la ciudad.

“Llegué a Bogotá, de mi pueblo natal Tagachí – Chocó, con 17 años y empecé a trabajar en La Candelaria. Todos los días me recorría la carrera 7.ª, desde la plaza de Bolívar hasta la torre Colpatria. También, visitaba el sector de Las Cruces, porque ahí, se juntaba un número importante de vendedores informales que hacían torneos de microfútbol y los palitroques se vendían como pan caliente”, manifestó Libardo Asprilla. 

Conociendo las dificultades de las y los vendedores informales, el concejal Libardo Asprilla, volvió a las calles con la oferta de palitroques, en esta oportunidad el producto no tuvo precio y para poderlo degustar se debía compartir una idea para solucionar alguna de las problemáticas de la ciudad.

Durante el recorrido se entregaron 1.000 palitroques y se recibieron 1.000 ideas, de vendedoras, vendedores y transeúntes, que ponen en evidencia las brechas con las que sin o con intención se le vulnera los derechos al gremio y a sus familias.

Una constante problemática manifestada por los informales es la dificultad para acceder a un crédito con cuotas a su medida, por el contrario, el “gota a gota” los exprime y los violenta silenciosamente en medio de esa gran multitud, que transita

diariamente alrededor de sus puestos de trabajo.

Los vendedores manifestaron su preocupación frente al acoso policial en el espacio público, la falta de oportunidades laborales con garantías, para ellos y sus familias, la falta de becas para educación superior y la poca atención diferencial para las personas mayores que se rebuscan en el espacio público.

“Estas 1.000 mil ideas ciudadanas, serán revisadas y trasladadas a las Entidades distritales para que se han tendidas en cuenta y se prioricen las soluciones. Pacho y oyentes, informalidad no es ilegalidad, en el espacio público, estuvimos, hay y llegarán personas con sueños y ganas de salir adelante: solo hace falta una oportunidad.” indicó el concejal Asprilla.

En Bogotá, hay más de 82 mil vendedoras y vendedores informales, trabajando bajo el sol, agua y frio, y que han encontrado en el espacio público una oportunidad laboral para llevar el pan a la mesa y sacar adelante a sus familias.

“Mi propuesta es que se logre crear la política pública del gremio artesanal y apostarle a fortalecer estos corredores artísticos. También, se debe mejorar la seguridad en el sector, ya que muchos aprovechan las aglomeraciones para el cosquilleo y con ello, dañan la imagen de los vendedores informales” describió Michael Sánchez, vendedor informal.

De acuerdo a datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística-DANE, en Bogotá, 1,3 millones de personas están en la informalidad, lo que representa una tasa cercana al 36,8 %.  Además, se estima que en Colombia el 85,2 % de las personas que trabajan de manera informal están vinculadas a microempresas y en Bogotá, está informalidad la ejercen vendedores informales, conductores de bici taxis y negocios locales sin prestaciones sociales.