10 Febrero 2022

A pocas semanas de las elecciones presidenciales y legislativas en Colombia, vale la pena recordar el nombre de Juan José Nieto, el primer y único presidente negro de Colombia. Nieto ostentó la banda presidencial durante seis meses, entre el 25 de enero y el 18 de julio de 1861, y fue uno de los primeros novelistas del país.

Durante años, la élite racista colombiana intentó olvidar su paso por la silla presidencial e incluso intentó “blanquearlo” en sus representaciones pictóricas. Tuvieron que pasar 157 años desde su paso por la presidencia para que en las últimas semanas del período de Juan Manuel Santos se reivindicaran su nombre, su historia y su legado para las comunidades negras, palenqueras y raizales del país.

Hoy, Colombia y América Latina siguen siendo territorios racistas. Según el Alto Comunicado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR, 2012) “los afrodescendientes, que representan entre el 20 y 30% de la población en América Latina, experimentan niveles desproporcionados de pobreza y exclusión social y continúan enfrentando una severa discriminación”. Han pasado diez años desde que la ACNUR hizo estas afirmaciones y la realidad sigue siendo similar.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2020):

la crisis mundial causada por el Coronavirus (COVID-19) se ve más acentuada en América Latina debido a sus problemas estructurales. […] De hecho, hacen que la población afrodescendiente sea más vulnerable frente al COVID-19 debido a la desigualdad y la discriminación racial estructurales de las que es objeto.

Esto no es ningún secreto. En Colombia, los territorios con más necesidades básicas insatisfechas son los que están mayoritariamente poblados por comunidades étnicas. Así lo dijo la CEPAL en 2020:

el Índice de Pobreza Multidimensional para la población afrocolombiana es del 30,6%, mientras que el promedio nacional es del 19,6% (…) En el caso de Colombia, al 6 de julio de 2020, de los nueve municipios en que el número de afrodescendientes era mayor, siete se encontraban entre los diez que más casos de COVID-19 tenían, y seis entre aquellos con más fallecidos.

En ese contexto, el intento de borrar la presidencia de Juan José Nieto no es una casualidad. La situación por la que están pasando las poblaciones negras, raizales y palenqueras en Colombia es el reflejo del racismo estructural afincado en toda la sociedad: un racismo que sigue vivo en las escuelas, universidades, empresas e instituciones públicas y privadas.

Actualmente, los partidos y movimientos incluyen a personas pertenecientes a minorías en sus listas de aspirantes a cargos de elección popular “por formalismo”. Las curules afro no siempre han cumplido con su misión de revindicar las necesidades y demandas del pueblo negro. Hoy contamos con apenas dos precandidatos presidenciales afrocolombianos, Francia Márquez y Luis Gilberto Murillo, entre aproximadamente veinte aspirantes a la presidencia, a pesar de que los afros constituimos alrededor de la quinta parte de la población colombiana.

Ojalá que estas elecciones sean una oportunidad para hacer más visible este problema y para darle un giro al racismo que aún inunda al país.